
EL PROTECTORADO EXTERNO
García Moreno, Noboa y la vieja tentación ecuatoriana de buscar salvación más allá de sus fronteras
OPINIÓN HISTÓRICA
Andrés Guamán Freire
5/27/20268 min read


Por Andrés Guamán Freire
Comunicador, Mediador e Investigador Ecuatoriano
I. La República al borde del abismo
La historia suele simplificar a los personajes y convertirlos en estatuas. Con el paso del tiempo, Gabriel García Moreno quedó atrapado entre dos retratos opuestos: para unos, el gran constructor del Estado ecuatoriano; para otros, el símbolo del autoritarismo conservador. Sin embargo, detrás de ambas imágenes existe un personaje más complejo, moldeado por una circunstancia extraordinaria que pocas veces se analiza con la profundidad necesaria.
En 1859, el Ecuador no era el país que hoy conocemos. Apenas habían transcurrido veintinueve años desde la separación de la Gran Colombia y la existencia misma de la República estaba en duda.
La invasión peruana avanzaba sobre territorios ecuatorianos. Las disputas entre caudillos regionales habían fragmentado el poder político. Guayaquil, Cuenca y Quito defendían proyectos distintos de país. Las finanzas públicas estaban devastadas. La autoridad del gobierno central era débil y la posibilidad de una ruptura definitiva del territorio no parecía una exageración retórica, sino una amenaza tangible.
Aquel año pasaría a la historia como el "Año Terrible".
Para comprender las decisiones posteriores de García Moreno es necesario partir de una premisa sencilla: quienes vivieron aquella crisis no sabían que Ecuador sobreviviría.
Nosotros sí lo sabemos. Ellos no. Y esa diferencia cambia por completo la forma de interpretar sus decisiones.
II. El proyecto francés que pudo cambiar la historia del Ecuador
Frente a la posibilidad de que el Estado ecuatoriano desapareciera, García Moreno comenzó a considerar una alternativa que todavía hoy genera incomodidad.
Miró hacia Europa. Más específicamente hacia Francia.
En aquellos años, Napoleón III gobernaba el Segundo Imperio Francés y proyectaba una influencia creciente en América Latina. Francia representaba poder militar, estabilidad institucional, capacidad financiera y prestigio internacional.
Para muchos sectores conservadores de Hispanoamérica también representaba orden.
García Moreno llegó a la conclusión de que Ecuador necesitaba precisamente eso. Orden. No era una palabra menor en el siglo XIX. Significaba supervivencia.
Entre 1859 y 1861 mantuvo comunicaciones con el diplomático francés Émile Trinité, planteando la posibilidad de establecer un protectorado francés sobre Ecuador. La propuesta contemplaba una fórmula particular: mantener la existencia formal de la República mientras Francia asumía funciones de protección internacional, respaldo militar y apoyo económico.
Desde la perspectiva contemporánea, la idea puede parecer una renuncia inaceptable a la soberanía. Pero la soberanía tiene una característica curiosa: solo puede ejercerse plenamente cuando existe un Estado capaz de sostenerla.
Para García Moreno, el dilema no era entre soberanía y dependencia. El dilema era entre supervivencia y desaparición.
La iniciativa nunca prosperó.
Las circunstancias diplomáticas cambiaron, Trinité falleció y el proyecto terminó archivado. Sin embargo, la pregunta que motivó aquella propuesta nunca desapareció del todo:
¿Qué debe hacer un país cuando las amenazas que enfrenta parecen superar sus propias capacidades?


III. El nuevo siglo y una crisis diferente
Ciento sesenta años después, Ecuador enfrenta una crisis de naturaleza distinta. Ya no existen invasiones extranjeras. No hay caudillos regionales levantando gobiernos paralelos. No se debate la continuidad territorial de la República. Sin embargo, la sensación de vulnerabilidad nacional ha regresado.
Durante la última década, el país ha experimentado una transformación acelerada de los fenómenos criminales. El narcotráfico dejó de ser un problema periférico para convertirse en uno de los principales desafíos del Estado.
Los homicidios alcanzaron niveles históricamente desconocidos. Las cárceles se transformaron en escenarios de violencia extrema. Las organizaciones criminales ampliaron su capacidad operativa. Las instituciones comenzaron a mostrar signos de infiltración y desgaste.
La percepción de inseguridad se convirtió en uno de los temas centrales de la vida nacional.
En este contexto llegó Daniel Noboa a la Presidencia de la República.
Su gobierno heredó una situación compleja y asumió una narrativa clara: el país enfrentaba una amenaza extraordinaria que requería respuestas extraordinarias. La declaración del conflicto armado interno, la identificación de organizaciones criminales como grupos terroristas y la búsqueda de cooperación internacional formaron parte de esa estrategia.
Y fue precisamente allí donde comenzó a emerger un paralelismo histórico interesante.
IV. De Napoleón III a Donald Trump
Toda comparación histórica tiene límites. Gabriel García Moreno no es Daniel Noboa. Napoleón III no es Donald Trump. El siglo XIX no es el siglo XXI.
Sin embargo, existen ciertos mecanismos políticos que sobreviven al paso del tiempo.
Uno de ellos es la búsqueda de respaldo externo cuando el Estado considera que enfrenta una amenaza superior a sus capacidades.
Así como García Moreno observó a Francia como una posible fuente de estabilidad, Noboa ha fortalecido su relación con los Estados Unidos en el contexto de la lucha contra el crimen organizado.
La cercanía política con la administración de Donald Trump, las reuniones sostenidas en territorio estadounidense, la participación de Robert F. Kennedy Jr. en eventos oficiales relacionados con Ecuador y los acuerdos de cooperación en materia de seguridad muestran una apuesta estratégica que trasciende la diplomacia convencional.
No se trata de un protectorado. No existe cesión de soberanía. No hay tutela formal.
Pero sí existe una lógica similar: la convicción de que ciertos problemas nacionales requieren el apoyo de una potencia internacional para ser enfrentados con éxito.
La diferencia fundamental es que el mundo ha cambiado. Y con él también han cambiado los mecanismos de influencia.


V. Erik Prince y la nueva naturaleza del poder
Aquí aparece un elemento que García Moreno jamás habría imaginado.
En el siglo XIX las relaciones internacionales eran relativamente simples. Los actores principales eran gobiernos, imperios, diplomáticos y ejércitos nacionales.
El siglo XXI funciona de otra manera.
Hoy existen empresas privadas capaces de operar a escala global en áreas tradicionalmente reservadas a los Estados.
Una de las figuras más representativas de este fenómeno es Erik Prince.
Fundador de Blackwater y protagonista de algunos de los debates más intensos sobre seguridad privada en el mundo contemporáneo, Prince apareció en la conversación pública ecuatoriana como parte del entorno internacional asociado a la estrategia de seguridad impulsada por el gobierno.
Más allá de las simpatías o críticas que pueda generar su figura, su presencia revela algo importante.
La protección externa ya no proviene exclusivamente de gobiernos.
También puede provenir de consultores, empresas privadas, contratistas de seguridad y redes internacionales especializadas.
La búsqueda de apoyo externo continúa existiendo.
Lo que ha cambiado son los actores.
Si García Moreno miraba hacia París, los gobiernos contemporáneos observan simultáneamente a Washington, a organismos internacionales y a actores privados con capacidad global.
VI. Las élites y la persistencia de una estrategia
Existe otro elemento que conecta ambos momentos históricos.
Las élites.
En el siglo XIX, García Moreno se encontraba vinculado a los sectores más influyentes de la Sierra ecuatoriana. Su matrimonio con Rosa Ascázubi lo integró a una de las familias más poderosas de su tiempo y su proyecto político estuvo respaldado por grupos conservadores que veían en la estabilidad una condición indispensable para la supervivencia nacional.
En el siglo XXI, Daniel Noboa proviene de una de las familias empresariales más influyentes del país y representa una generación distinta de élites económicas, vinculadas a mercados globales, cadenas internacionales de comercio y redes de influencia transnacional.
Las diferencias ideológicas entre ambos son evidentes.
Pero existe una coincidencia estructural.
Cuando perciben que el Estado atraviesa una crisis profunda, las élites ecuatorianas tienden a privilegiar la estabilidad sobre el aislamiento.
No es necesariamente una cuestión doctrinaria.
Es una cuestión práctica.
La historia demuestra que los grupos dirigentes suelen buscar aliados allí donde creen que pueden encontrar recursos, protección o capacidad operativa.
Y Ecuador no ha sido una excepción.
VII. La historia no se repite, pero conserva sus mecanismos
Sería un error afirmar que Daniel Noboa está reproduciendo el proyecto político de Gabriel García Moreno.
No lo está.
También sería un error sostener que la cooperación actual con Estados Unidos equivale a un protectorado.
No lo es.
Las circunstancias históricas son distintas y los instrumentos políticos responden a épocas diferentes.
Sin embargo, los historiadores suelen advertir que los procesos históricos no se repiten literalmente.
Lo que suele repetirse son ciertas lógicas de comportamiento.
Y una de ellas parece atravesar buena parte de la historia republicana ecuatoriana.
Cada vez que el país enfrenta una amenaza percibida como existencial, reaparece el debate sobre la necesidad de buscar apoyo más allá de las fronteras nacionales.
A veces ese apoyo adopta la forma de un proyecto diplomático.
A veces se expresa mediante alianzas estratégicas.
A veces se manifiesta a través de acuerdos de cooperación o asistencia internacional.
Las formas cambian.
El mecanismo permanece.
Conclusión
Quizás la pregunta más interesante no sea si García Moreno tuvo razón al buscar el respaldo de Francia.
Tampoco si Noboa tiene razón al fortalecer sus vínculos con Estados Unidos y otros actores internacionales.
La verdadera pregunta es otra.
¿Por qué, después de casi dos siglos de vida republicana, Ecuador continúa llegando periódicamente al mismo punto de su historia?
¿Por qué las grandes crisis nacionales siguen conduciendo a la búsqueda de soluciones externas?
Tal vez la respuesta se encuentre en la fortaleza —o debilidad— de nuestras instituciones.
Tal vez en la forma en que se ha construido el Estado ecuatoriano.
O tal vez en una combinación de ambas.
Lo cierto es que, desde las cartas enviadas a Napoleón III hasta los acuerdos contemporáneos de cooperación en seguridad, existe un hilo histórico que conecta momentos aparentemente inconexos.
Un hilo que nos recuerda que la soberanía no es únicamente una declaración jurídica.
Es también la capacidad real de una nación para resolver sus propios desafíos.
Y esa sigue siendo una de las grandes preguntas pendientes de la historia ecuatoriana.
Fuentes y bibliografía:
Ayala Mora, Enrique. García Moreno y el Ecuador de su tiempo.
Buriano, Ana. “Entre el protectorado y la República del Sagrado Corazón”.
Demélas, Marie-Danielle y Saint-Geours, Yves. La contrarrevolución republicana.
Pattee, Ricardo. Gabriel García Moreno y el Ecuador de su tiempo.
Salvador Lara, Jorge. Historia de Quito.
Robalino Dávila, Luis. Orígenes del Ecuador de hoy.
CNN en Español. “Robert F. Kennedy Jr. y la relación histórica con la familia Noboa” (2025).
Comunicados oficiales de la Presidencia de la República del Ecuador (2025-2026).
Declaraciones públicas y reportes periodísticos sobre Erik Prince y cooperación internacional en seguridad (2025-2026).
White House Official Statements (2025).
Las opiniones expresadas en este artículo corresponden exclusivamente al autor y tienen fines de análisis histórico y debate público. NDV no se responsabiliza de estas opiniones.

