Perros comunitarios en Rumiñahui: entre la realidad del barrio y la improvisación institucional
El caso de los perros comunitarios en Rumiñahui revela una falla en la gestión pública: decisiones reactivas, desconexión con la comunidad y una política de fauna urbana que aún no se aplica con rigor.
3/22/20264 min read


Lo ocurrido en los exteriores del centro comercial River Mall, con el retiro de cuatro perros comunitarios, no es un hecho aislado. Tampoco es, como algunos quieren reducirlo, una simple polémica animalista.
Es, en realidad, una señal clara de algo más profundo: la desconexión entre la normativa existente y la forma en que se están tomando decisiones en el cantón Rumiñahui.
Durante años, estos perros formaron parte del entorno del sector. Tenían nombre, eran alimentados por vecinos y eran reconocidos por quienes transitan diariamente por el lugar. No eran animales desconocidos ni ajenos al espacio. Eran parte de la vida comunitaria.
Sin embargo, bastó una denuncia impulsada desde la administración del centro comercial para que se ejecute un operativo con intervención municipal, presencia policial y retiro inmediato de los animales.
Y ahí es donde empieza el verdadero problema.
Por Andrés Guamán Freire
Escritor, mediador y ex candidato a la Alcaldía de Rumiñahui



⚖️ Cuando la norma existe, pero no se aplica con rigor
Rumiñahui cuenta con una ordenanza clara sobre fauna urbana. No es un vacío legal.
La normativa establece que los animales que habitan espacios públicos forman parte de la fauna urbana y que su manejo debe responder a criterios de bienestar, planificación y convivencia armónica con la comunidad.
No se trata de retirar animales por incomodidad o presión puntual.
Se trata de gestionar una realidad social existente.
Por eso, la pregunta no es si los perros debían o no ser intervenidos.
La pregunta es otra:
¿Se actuó con base en un protocolo técnico claro o se ejecutó una decisión administrativa reactiva?
Porque lo que vimos —y lo que se viralizó— no fue una intervención planificada y socializada. Fue una acción ejecutada de forma inmediata, sin explicación previa y con una narrativa que apareció después del conflicto.
🚨 El patrón que se repite: primero actuar, luego justificar
En este caso se repite una lógica que debería preocuparnos:
Un actor privado impulsa una denuncia
La autoridad pública ejecuta
No hay información clara en el momento
La comunidad reacciona
Se genera presión social
Aparece la explicación institucional
Y finalmente, se corrige el discurso
Hoy se habla de evaluación, vacunación y retorno de los animales.
Pero eso no fue lo primero que ocurrió.
Y en política pública, el orden de los hechos importa.
🐾 Una realidad que sí existe: los perros comunitarios
Quiero hablar desde mi propia experiencia.
En el barrio Banco de Fomento vive Nieves, un perro comunitario que forma parte de nuestra vida cotidiana desde hace años. Es macho, no pertenece a una sola familia, pero es cuidado por varias.
Duerme en nuestra casa, se alimenta en otras y recorre el sector como si fuera suyo. No representa un problema. Al contrario, cumple incluso un rol de vigilancia barrial.
Nieves no es una excepción.
Casos como este existen en distintos sectores del cantón. Son animales que, aunque no tienen un dueño formal, sí tienen comunidad. Son reconocidos, protegidos y parte del entorno social.
Y esto no es una percepción subjetiva.
Es una realidad que la propia normativa reconoce.
🧠 El error de fondo: confundir presencia con problema
Aquí está el punto clave que no se está entendiendo:
👉 No todo perro en el espacio público es un problema
👉 No toda intervención es automáticamente una solución
Cuando no existen políticas claras, registros, protocolos y trabajo con la comunidad, lo que se genera es exactamente lo que vimos en este caso:
conflicto, desconfianza y decisiones corregidas bajo presión
🏥 Una propuesta que sigue vigente
Hace algunos años, cuando participé como candidato a la Alcaldía de Rumiñahui, planteamos la construcción de un hospital veterinario municipal y un sistema de registro para perros comunitarios.
No era una propuesta aislada. Era una respuesta a una realidad que ya existía en los barrios.
Hoy, después de lo ocurrido en River Mall, esa discusión vuelve a ser necesaria. Porque el problema no se resuelve con operativos puntuales.
Se resuelve con:
Registro de animales comunitarios
Programas permanentes de esterilización
Atención veterinaria accesible
Protocolos claros de intervención
Y coordinación real con la comunidad
Sin eso, cualquier acción seguirá siendo reactiva.
⚠️ Cuando la institucionalidad llega tarde
Lo más preocupante de este caso no es solo lo que pasó, sino cómo se corrigió.
La intervención política posterior, las reuniones y los nuevos anuncios evidencian que la solución no nació desde la planificación, sino desde la presión social.
Y eso debería hacernos reflexionar. Porque cuando las decisiones públicas se corrigen únicamente cuando hay indignación, el problema ya no es técnico. Es de gobernanza.
🎯 Abrir el debate, no cerrarlo
No escribo esto para cerrar una discusión, sino para abrirla. Porque esta no es una realidad exclusiva de un centro comercial. Es una realidad que se vive en muchos barrios de Rumiñahui.
Por eso, la pregunta es directa:
¿Cómo se vive esta situación en su sector?
¿Existen perros comunitarios?
¿Funcionan como parte del barrio o generan conflicto?
¿Qué soluciones considera necesarias?
La política pública no puede construirse desde el escritorio.
Debe construirse desde la experiencia real de la gente.
🧩 Conclusión
El caso de los cuatro perros comunitarios no es solo una polémica momentánea.
Es una oportunidad para evidenciar que la normativa existe, pero su aplicación aún es débil, inconsistente y, en muchos casos, reactiva.
El problema no fue intervenir.
El problema fue no hacerlo con planificación, claridad y comprensión del territorio.
Porque cuando una comunidad defiende a sus animales, no está defendiendo solo a cuatro perros.
Está defendiendo su forma de convivir.
Y cuando eso no se entiende, el conflicto deja de ser animalista y se convierte en algo mucho más serio:
un problema de cómo se toman las decisiones en el cantón.
